Tuesday, December 4, 2007
Tuesday, October 16, 2007
Te esperaré
Friday, September 14, 2007
Vuelta… e ida otra vez

Así es que ya he vuelto de Inglaterra y el lunes cojo otra vez el petate, esta vez más cerquita, para España. Más que un viaje, lo de Inglaterra fue una catarsis que me permitió descubrir que amo esa vida de viajera y que me iría pudriendo si sigo aceptando trabajos de becaria en periódicos. Que una vez que entras en la rueda del pago del piso, del coche, de la hipoteca, no hay vuelta atrás ni idealismos que valgan, supongo. Y que por eso, quiero huir lejos. Primer paso: matricularme en un máster de historia contemporánea. Es una huida porque no tengo claro que eso sea mi trabajo para el futuro, aunque desde siempre haya amado la historia. El caso es ver las cosas en perspectiva, abrir nuevos caminos, buscar un prisma distinto al que muestra el espejo plano del periodismo de rutina. Y mis compañer@s que no entienden que me haya desencantado tan pronto, quizás porque no han experimentado la magia de Brighton, las caminatas junto al mar en la playa de piedras, las conversaciones interminables hasta las cinco de la madrugada, las noches de idealismo con E., los bailes con Shakespeare en el Casa Blanca. Hay otro mundo ahí fuera y no quiero que me lo quiten.
Monday, August 13, 2007
Me marcho
Este sábado, a Inglaterra. El viaje es mucho más que dos semanas para aprender inglés. Es una huida de la rutina y quién sabe si de algo más, de tantos miedos que dejo aquí, en casa, de tantas incertidumbres para el futuro. Mis amigas prefieren que sea el destino el que marque su rumbo en los próximos años. A mí me inoportuna tremendamente el ser tan calculadora, el tener que saber al milímetro qué estaré haciendo dentro de unos meses. La incertidumbre me vuelve vulnerable y ésa es una situación que detesto. La marcha a Inglaterra, los estudios de historia que si todo va bien empezaré en octubre son la esperanza abierta a un mundo en el que las reglas no estén tan marcadas como lo han estado los últimos cuatro años. Y me obligo a desearme buen viaje.
Wednesday, August 1, 2007
Animales de circo

Llegaron ayer al pueblo. Los traían en camiones desvencijados y una voz en francés repetía monótonamente la cantinela: “Hoy, gran circo”… y las fieras que se juntarían en el campo de fútbol para que su encierro fuese fotografiado por los padres orgullosos de haber traído al niño a un espectáculo sano (porque, ¿qué es esa mierda de Play Station?) y para que los niños sonriesen frente al latigazo del domador de turno o la estúpida repetición de una jirafa con una jornada laboral que va mucho más allá de las ocho horas de rigor. Y no tengo nada en contra del circo. Me parece un espectáculo precioso cuando nadie sale herido en el intento, cuando es sólo fantasía y está hecho del color de los sueños y de la mirada limpia del niño que recorre el techo de la carpa en busca de la pirueta perfecta. Pero la caravana se repetía demasiadas veces, los pequeños salían a verla y todo lo que había en aquellas jaulas era el sufrimiento de un león encerrado que recorría el suelo por detrás de los barrotes queriendo aparentar fiereza, sin darse cuenta de que ya no era el rey de la selva. Y al mediodía, en la TVG, la noticia de que un oso apareció muerto en cualquier lugar de Galicia, procedente seguramente de un circo que lo había abandonado. Y casi devorado por las moscas, en un páramo dejado de la mano de Dios. Lo peor de morirse es hacerlo sabiendo que a nadie le importa.
Sunday, July 8, 2007
Resignación
Sunday, July 1, 2007
Echo de menos tu olor, tu casa, tus zapatos
A veces me sucede que no echo de menos a alguien pero observar algo que le pertenció, reencontrarme con su olor en un lugar perdido, pasar por delante de la casa a la que me invitó una vez, ver un gesto suyo reflejado en otra persona, me hace dudar de mi propia capacidad para el olvido sano. Me he dado cuenta de nuevo hoy, otra vez, oyendo una canción preciosa de Roxette, de esas para amar a bocajarro, A thing about you. No la conocía y llegué a ella por una biblioteca municipal de esa ciudad que tanto odio y en la que sigo viviendo, quizás por mi propia culpa, quizás porque soy más responsable de lo que debería, quizás, quizás por qué? A saber. El caso es que como me sucedía con el vídeo de Chaouen no puedo colgar aquí directamente la imagen, así que un link servirá para quien busque su belleza, que es mucha y muy recoleta: http://www.youtube.com/watch?v=WviZJhqXoOc.
Y vaya, como hablamos de belleza, y como también cogí ese libro el mismo día que mi incursión en Roxette, unos versos de Neruda para llorar de perfección (Diosss, cómo he podido estar hasta ahora sin conocerlos???). Fuera de la redacción y de las notas de prensa, hay espacio para las cosas especiales. Ésas a las que no puedes renunciar aunque salgas todos los días a las 11 y recorras la ciudad entera, sin tiempo para apreciar la belleza que se esconde en cualquier rincón:
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su odío.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Sunday, June 24, 2007
De vuelta

El tiempo corre, se escapa, y la última entrada del blog fue colgada hace un mes. Desde entonces, exámenes y un trabajo alienante que nunca debería haber cogido. Añoro Santiago, añoro el empedrado del Obradoiro y las risas en los pubs de la zona vieja. Odio este levantarse a las diez y volver a las once a casa, sin tiempo para comer, sin tiempo para mirar el mar-lo único que amo de esta ciudad fría-y sin tiempo para preguntarme por nada. Lo peor de cubrir ruedas de prensa y transcribir notas no es el martirio de ser copistas, es la sensación de que lo único que había en ti se desvanece porque al jefe no le gusta que cambies el orden sujeto-verbo-predicado. Queda la música, queda la poesía, queda un buen libro y una buena conversación como reductos del alma libre, esa que me niego a perder.
Tuesday, May 29, 2007
Nos robaron la ilusión
No sabes muy bien cuándo es el momento en el que todos los días comienzan a parecer iguales y lo que antes te impulsaba a girar la cabeza ahora te provoca un sonoro bostezo. RUTINA. Odio esa palabra y lo que significa, las implicaciones que conlleva, la visión acomodaticia que supone. Quiero tirarme de los pelos-ahora que casi tengo melena, porque hace unos meses habría sido imposible- cuando veo a los compañeros de facultad desesperados por conseguir prácticas de 400 euros en trabajos alienantes. Vaya por delante que yo hice lo mismo el año pasado, que he trabajado muchas veces sin cobrar un duro, y que no me importó. El problema no es currar ocho horas diarias cuando te tocarían cinco. El problema es que levantarse cada mañana sea un suplicio porque lo que te encuentras al otro lado de la redacción no es el currito arriesgado que intuías sino el Corto y Pego o la rueda de prensa de turno. Tengo la cabeza a cien de supuestas explicaciones sobre el origen de la crisis del periodismo, y creo que el verano pasado y durante éste he dado con ella: nos han robado la ilusión. Sí, se la llevaron con cada frase creativa tachada en el reportaje de turno, con cada idea con la que querías cambiar el mundo-mucho o poco, eso era lo de menos-que no fue tenida en cuenta, con cada mirada aguda que se perdió entre el teclear de la hora de cierre. Con cada idea tirada al aire que nadie recogió y que se quedó muerta en la sala de redacción.
Monday, May 28, 2007
Mis bailarinas fosforescentes
Me he comprado unas bailarinas fosforescentes. No como las de la foto, tan sobrias, porque yo siempre he sido de extremos. Cuatro euros y Silvia que no quería llevárselas a casa porque no se atrevía a sacarlas a la calle. Al final ha optado por el azul oscuro y yo me he venido con las mías, del tono del subrayador que utilicé hasta dejar exhausto. Aprecio el regusto de lo que pueda ser original por ese precio, como cuando entras en una librería de viejo y puedes llevarte a casa por un puñado de euros el libro al que dormirás abrazada varias noches, el recuerdo de un amor en una tarjeta, la mirada de un dibujo en la contraportada. Al final supongo que durante toda mi vida he intentado diferenciarme de los que vendían homogeneidad, ya fuera por un jersey verde fosforito con bufanda de rayas o con unas botas amarillo periquito que abrían las miradas cuando el transeúnte de turno llegaba hasta tus pies. Quizás por eso aprecio a los que buscan diferenciarse, a los que no siguen una línea recta, a los que podrían continuar por el dictado marcado pero se lanzan en paracaídas hacia Dios sabe qué destino. Como mañana saldré yo a la calle, calzada sobre mis bailarinas fosforescentes, desafiante frente a las convenciones de aquellos para quien el mundo es un cuadro terminado sin posibilidad de borrón.
