Como los avestruces
Sí, hoy es el típico día en el que escondería la cabeza bajo la tierra como los avestruces. El día en el que ni un correo de Emilio Morenatti, del que hablaba ayer, lograría sacarme la apatía y hacerme coger la cámara de fotos para retratar el mundo. Uno de esos días en los que te pesan las piernas y, lo que es peor, el alma. Hablaban en Aquí hay tomate este mediodía (sí, lo sé, no debería ni pasar un minuto de mi tiempo viendo ese programa...) de una serie de reportajes que no sé qué revista publicó sobre cómo se veían una serie de famosos en el año 2000, evidentemente, bastantes años antes del cambio de siglo. El caso es que salía Norma Duval y comentaba que ella en el 2000 se veía con hijos, con una vida tranquila, resuelta, vamos aburrida y convencional. El caso es que yo me encuentro en un punto en el que no quiero, evidentemente, tirarme ya de cabeza a vivir ese tipo de vida con un trabajito súper estable, el coche y un noviete pero, al mismo tiempo, me aterra la perspectiva de la incertidumbre del futuro, que ya se ha convertido en tema casi monográfico de un blog que, lo reconozco y mal que me pese, en muchas ocasiones se parece más a una consulta de psicoanalista. Lo dicho, que hay días como hoy en los que me apetece ser avestruz.







