¿A dónde van los sms que guardamos, que no enviamos?
Había una canción de Víctor Manuel, hace años, que se preguntaba algo así, aunque con un trasfondo mucho más trascendente: el de a dónde van esos besos que un día se nos olvida dar o que nos da vergüenza regalar. El caso es que ayer tuve un día activo por lo que a envío de SMS se refiere. Decenas de correcciones para dar lugar a la pieza final que viaja lejos a golpe de teclado: "Enviar". ¿Cómo se sienten esos mensajes almacenados durante meses en la carpeta de No Enviados, qué sentimientos experimentan cuando les damos a borrar y los perdemos para siempre en la memoria? Mi primo me decía hace unos meses que cuando borras el número de una persona del móvil, lo has borrado también de tu mente. Quizás, aunque me temo que la agenda de un teléfono es más fácil de sacar de tu disco duro que un par de recuerdos compartidos. ¿Existe un limbo en el que están los sms que nunca llegaron a su destino? ¿Y qué ocurre con los que íbamos a mandar pero no enviamos por miedo, por celos, por temor a la reacción de quién espera al otro lado? ¿De algún modo, en algún lugar del espacio, se juntan todos los No Enviados del mundo para recordarles a los que iban a ser destinatarios que alguien, donde quiera que esté, se acordó de ellos por un momento?













