Sábado | Febrero 17, 2007

Incertidumbre

Y dentro de un año, si sigo tecleando este blog, habré cambiado tanto que probablemente mis reflexiones poco se aproximarán a lo que hasta ahora he estado contando. Confío en haberte olvidado definitivamente a ti, ese tío sin nombre y sin rostro del que tanto he hablado y confío en tener las cosas un poco más claras y mi vida encauzada mínimamente, si es que eso es posible con 21 años y eligiendo dedicarme al periodismo. Hoy por hoy, mi vida es una incertidumbre constante, algo así como un papel que sueltas al cielo y del que no puedes prever cómo se moverá al compás del viento, ni si caerá sobre tu cabeza o veinte centímetros más allá, donde no puedes alcanzarlo. La incertidumbre es una angustia, sí, pero también un reto. Un mundo de posibilidades al alcance de la mano del que tienes que tomar unas pocas y correr, siempre hacia delante, sin desfallecer aunque el aliento se te corte a cada paso. Siendo conscientes de que la vida, en este punto, da miedo, pero quizás es, más que nunca, digna de ser vivida.

 

 

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Martes | Febrero 13, 2007

La lluvia

Pasado el chaparrón de información rosa y monárquica sobre la hermana de Letizia, la propia Letizia y demás problemas monárquicos para cebar a los programas del corazón, me quedo con una frase que nada tiene que ver con el suicidio de Érika. A mí, que soy republicana desde hace años aunque no tenga todavía muchos, toda esa parafernalia me la trae floja, pero me llamó la atención que uno de los periodistas comentara que los acontecimientos de la vida de la princess habían estado marcados por la lluvia: su boda, el nacimiento de su hija y, ahora, la muerte de su hermana. La lluvia. Cae aquí a golpes, choca contra los cristales y las gotas se abrazan una a otra como negándose a caer en el alféizar de la ventana para terminar así su frágil vida de cristal. La lluvia me ha acompañado desde siempre, desde que era niña y me gustaba pisar los charcos, desde que tuve gafas y me obligaba a cubrirme con un paraguas aunque mi deseo fuera llevar la cabeza descubierta, porque o los cristales se me empañaban a cada segundo o tenía que caminar por la calle con siete dioptrías y mirada boba. La lluvia es el recuerdo de correr por Santiago con las amigas el primer año de carrera y la lluvia que caía sobre la terraza cubierta del segundo, cuando vivía sola y las gotas marcaban el compás de cada línea estudiada. La lluvia es la misma que por las noches quieres sentir cuando estás acurrucada en cama. Sueño que un día alguien, antes de que me vaya de Santiago, me besará de noche frente al Obradoiro, empapados en esa misma lluvia.

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Jueves | Febrero 08, 2007

¿Y cuándo es el momento en el que se deja de querer?

Dime, ¿y cuándo es el momento en el que se deja de querer? Algo así decía una canción que escuché ayer y para la que no tengo respuesta. Supongo que es una especie de click mental, algo como una vaharada, un soplo de aire que te roza la cara y te dice "niña, ya has hecho bastante el tonto con X persona". Me hablabas hace unos días por ese canal tan frío que es el Messenger de la amistad, de que no deberíamos perderla, de que dependía de mí que siguiéramos siendo amigos o no. Y no te lo dije tan claramente, pero estoy cansada de ser yo la que tira, la que manda mensajes, mails, la que se preocupa para que luego seas tú el que diga que te da pena que nada sea como antes. Pues la verdad es que nada es como antes porque todo ha cambiado, porque las circunstancias no son las mismas y porque es inútil remar contracorriente, confiando en quien no lo merece, porque las olas te acabarán arrastrando y serás, al final, un juguete roto en la orilla. En los buenos tiempos, bromeaba contigo diciéndote que yo nunca me rindo. La verdad es que debería haberlo matizado: nunca me rindo para las cosas que me importan, para eso soy tan tozuda que hasta termino por recriminarme a mí misma. Pero para las cosas que han perdido trascendencia y sólo ocupan un minuto de mi tiempo cuando antes podía pasarme horas y horas reflexionando sobre ellas, para eso aparezco desarmada y no me enfrento en ninguna batalla. Sencillamente, pierdo, sin que me quede el regusto amargo de la derrota porque nada me iba en ese combate. No entiendo tus pataletas y tus supuestos conflictos mentales en los que al parecer tanto sufres. No entiendo que me vengas con un discurso gastado y desprovisto de significado y sentido para mí por la fuerza de los hechos. Tendrías que acostumbrarte a que has dejado de ser importante para mí. Y a que la gente que no es importante para mí no puedo tratarla como a los que han estado ahí desde un principio y no han flaqueado cuando yo lo hacía. Cuando te dije que me había equivocado por confiar en alguien que no merecía esa confianza-quizás me pasé de sincera, qué se le va hacer...-volviste a adoptar la actitud doliente del eterno sufridor. Lo siento, esta batalla ya no es la mía. Me equivoqué en confiar en ti y no pienso tropezar dos veces en la misma piedra. Alguien me escribía hace semanas en este blog, cuando aún me importabas, y mucho, la letra de una canción de Los Secretos que debería haberte grabado en un disco para que la rebobines una y otra vez y comprendas el mensaje: "Déjame, ya no tiene sentido, es mejor, que sigas tu camino, que yo el mío seguiré, por eso ahora déjame".

 

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Martes | Febrero 06, 2007

Fotografiando mi vida

Hay días en los que mi vida es una fotografía borrosa de un autor inexperto que ha cogido la cámara pero no la maneja ni con la destreza ni con el tiento suficiente como para acercarse a la realidad con precisión. Hay días en los que los aluros de plata carcomen esos recuerdos en los que aún no había cámaras digitales y me recuerdan que en algún día, muy, muy lejano, fui feliz porque no era consciente ni del paso del tiempo, ni de los que se quedan en el camino, ni de cuánto daño puede llegar a hacerte la gente en la que confiabas
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Hoy, sin embargo, mi vida se ha convertido en algo así como una fotografía del New Colour, vibrante, apasionante, en algo que enmarcarás para siempre y que cuando lo mires te dirá: sí, así era yo, y aunque haya pasado el tiempo y no sea la misma, me quedo con la satisfacción de haberla vivido. Ayer fue el día en el que recogí las imágenes de mis amigas, del grupo que hemos formado, del que inevitablemente se tendrá que deshacer cuando nos vayamos este año y cada una siga su camino como en una foto fragmentada. Y, sin embargo, me sentí feliz sabiendo que somos las cuatro resistentes, y ellas tres, las verdaderas personas a las que seguir mirando en la foto del cajón cuando otros amigos hayan llegado. Ellas, y nadie más. Pocas, pero escogidas. Como en una fotografía digital en la que pudieras haber borrado a todos aquellos que no merecen la pena.

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Lunes | Febrero 05, 2007

Primer día de liberación

A la 1.30 terminó el examen y comenzó lo que espero que sean unos días más tranquilos hasta que la vorágine de las clases y su rutina me obligue a volver a preocuparme por notas de última hora, trabajos inacabados y compañeros desquiciados que me desquician. Hoy he cogido una bocanada de aire fresco. Espero escribir más en el blog estos días, leer los libros que me han encargado pero que deseo abrir tras días de lecturas obligadas a ritmo de subrayador e histeria, sentir que estoy viva y que los exámenes no me han sacado hasta la última brizna de optimismo que podía quedar en mí. Hoy es el día también en el que me doy cuenta de que hice lo correcto respecto a ti, ese amigo, medio-amigo, enemigo no sé qué. O más bien, que no hice lo incorrecto, que en lo que te pudo parecer indecisión estaba el acierto y que no tengo nada de lo que arrepentirme aunque quieras hacérmelo creer. Ni una línea más para dedicarte ni hoy ni espero que ya nunca. A principios de año me hice la firme promesa de no dedicar tiempo ni energías a lo que no merece la pena. Quién me decía entonces que tú ibas a ser una de esas cosas.

 

 

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