Vuelta… e ida otra vez

Así es que ya he vuelto de Inglaterra y el lunes cojo otra vez el petate, esta vez más cerquita, para España. Más que un viaje, lo de Inglaterra fue una catarsis que me permitió descubrir que amo esa vida de viajera y que me iría pudriendo si sigo aceptando trabajos de becaria en periódicos. Que una vez que entras en la rueda del pago del piso, del coche, de la hipoteca, no hay vuelta atrás ni idealismos que valgan, supongo. Y que por eso, quiero huir lejos. Primer paso: matricularme en un máster de historia contemporánea. Es una huida porque no tengo claro que eso sea mi trabajo para el futuro, aunque desde siempre haya amado la historia. El caso es ver las cosas en perspectiva, abrir nuevos caminos, buscar un prisma distinto al que muestra el espejo plano del periodismo de rutina. Y mis compañer@s que no entienden que me haya desencantado tan pronto, quizás porque no han experimentado la magia de Brighton, las caminatas junto al mar en la playa de piedras, las conversaciones interminables hasta las cinco de la madrugada, las noches de idealismo con E., los bailes con Shakespeare en el Casa Blanca. Hay otro mundo ahí fuera y no quiero que me lo quiten.