¿La última llamada?


Ayer me di cuenta de que todo se había terminado. Uno puede comerse la cabeza con mil historias y luego darse cuenta, en un detalle, de que perdido el tiempo durante meses, de que las dudas no sirvieron de nada y todo se ha esfumado de un plumazo. En cierto modo, es una liberación, una bocanada de aire fresco, un me voy de vacaciones de Navidad teniéndolo todo mucho más claro. Pensé que te iba a echar de menos y ya ves, resulta que me he acostumbrado al cambio rápidamente. No me gusta la gente que cuenta a los demás problemas en los que yo aparezco. No me gusta que te creas el centro del mundo y que me hagas sentir culpable por cosas que yo no he hecho mal. Hoy me siento más fuerte, hoy me río más confiada, hoy la Navidad se ha vuelto un poco más nevada, más tranquila, menos incierta. No me busques, no me llames, no me escribas. Déjame.

Al fin y al cabo, ¿qué hemos sido tú y yo? Prisioneros de un mundo que nos hemos construido por nuestra culpa, sí, sólo por nuestra culpa, y del que ahora no sabemos salir. Somos ovejillas asustadas porque el lobo se acerca y lo peor es que conocen ese lobo porque surge de sus propias entrañas. Tú con esa melancolía triste, pertinaz, esa sonrisa apenas intuida en los labios que no acaba de salir por más que yo intente forzarla. Yo, obligándome a sonreir cuando estoy contigo, y con los demás, y tan deshecha a menudo por dentro, tan vacía, tan temerosa de que se haya agotado mi capacidad de amar. Me gusta estar con ella, con mi prima pequeña, oir sus problemas enormes para ella y tan pequeños ´para mí, creer que mamá va a sujetarme las manos y se me va a pasar el berrinche como a ella le pasa, tan cerca del mundo y tan metida en su propio universo que es feliz. Meterme en el mío es un abismo del que no sé si podré salir. Por eso miro hacia fuera, hacia el mundo, y me olvido de vivir. Escucho los problemas de los demás para no darme cuenta de los míos, escribo esperanzas para no ver mi desesperación. ¿Quién es el culpable? Sólo tu y yo. Solos.
Hoy he tenido un día complicado. Escribir para mí es una especie de catarsis y por eso suelo hacerlo siempre que algo me ronda la cabeza y, claro, no tengo dinero para pagar un psicólogo a quien contárselo. Además, soy demasiado nerviosa. Sentarme en el diván y explicarle a un extraño mis ralladas mentales... No me lo imagino. El caso es que hoy he terminado asqueada del 90% de la gente. Sí, no es una buena jornada para proclamar mi amor a la humanidad a los cuatro vientos. Que sí, que ya sé, que la meta de todo periodista-futura periodista, espero, en mi caso-es involucrarse con la sociedad, sentir empatía por sus problemas... Bla Bla Bla. ¿Quién siente empatía por los míos y por mis problemas para encontrar un minuto libre, para respirar? Si los que te rodean no te lo ponen un poco más fácil, si no dejan que te relajes y te entre una bocanada de aire en el pecho, difícilmente lo vas a poder lograr. El caso es que se ha hecho ya de noche y la jornada se me ha pasado volada, sin sentirla, huidiza y fría como esta noche de casi Navidad. Dios, ya está cerca otra vez y casi no he visto pasar el año anterior!!! Vuelta a los regalos para la family, la melancolía de fin de año, el no saber qué vas a hacer de tu vida dentro de 365 días... Definitivamente, hoy no es mi día.
