Pero te dejé marchar...
Hay veces en que la sensación de pédida es más fuerte que la racionalidad y te preguntas qué has hecho durante los últimos años, durante los últimos meses, qué quedará de esa parte de tu vida cuando seas mayor y quieras recordarla. Hay períodos completos de mis vivencias que he olvidado, tiempos pasados que no tengo grabados en la retina y que son irrecuperables. He tomado decisiones que me han hecho feliz en el momento y me han reportado luego más tristeza que alegría. Una debería poder echar mano en el saco de los recuerdos y seleccionar, vívidos, los que más amó y ha olvidado. No hay nada más amado que lo que perdí, decía la canción, y creo que es cierto. Una puede no haber pasado apenas de los veinte y tener la sensación de que el mundo se le echa encima y ha vivido demasiado. Es una sensación pasajera, casi instantánea, pero hace daño durante el tiempo que permanece en el pensamiento. Ayer por la noche escuchaba la canción de Luz, la que da título a este post. "Pero te dejé marchar, yo te dejé marchar, yo te dejé marchar, después de la última noche, yo te dejé marchar". No quiero que se me escapen más cosas, no quiero dejar huir las huellas de mi pasado y convertir mi futuro en un bosque sembrado de hojas caídas. Lo malo es que no sé cómo hacerlo.











